Justicia y Paz Europa alerta de la extensión del crimen organizado

Justicia y Paz Europa alerta de la extensión del crimen organizado
Justicia y Paz Europa advierte de un riesgo “corrosivo” para los derechos humanos, la cohesión social y la sostenibilidad del continente. Todavía hay países en los que “persiste la idea de que se trata de un fenómeno distante o ajeno”, una percepción que el documento considera “errónea y peligrosa”.

“La delincuencia organizada opera globalmente”, señala, “y ningún país europeo puede permitirse mirarla desde la distancia”. Del 13 al 15 de febrero de 2026, las secretarías generales de las Comisiones Europeas de Justicia y Paz se reunieron en Turín (Italia) para su encuentro anual, organizado por el Servicio Misionero Joven (Sermig)-Arsenal de la Paz, bajo el lema “Por una Europa libre de crimen organizado”.

La cita, que combinó momentos de oración, reflexión y trabajo estratégico, sirvió también de marco para presentar la “Acción Concertada 2026”, un documento que alerta de que el continente se enfrenta a un problema menos visible que las tensiones geopolíticas o económicas, pero igualmente devastador: la expansión del crimen organizado.

Un fenómeno que permea todos los entornos

El análisis insiste en la capacidad de las redes criminales para adaptarse a contextos rurales o urbanos, fronterizos o interiores, prósperos o empobrecidos.

Su presencia, advierte, “no se limita a entornos marginales”: también se infiltra en espacios formales y acomodados, “difuminando las fronteras entre lo ilícito y lo legítimo”. En algunos territorios, esta porosidad ha desembocado incluso en “cierto grado de tolerancia social, cuando los grupos criminales se presentan como proveedores de protección o sustitutos improvisados de funciones estatales.

Desde la Doctrina Social de la Iglesia, la delincuencia organizada constituye “una vulneración sistemática de la dignidad humana” y una expresión de “pecado estructural”.

El documento recuerda que sus actividades suelen ir acompañadas de las violaciones más graves de los derechos humanos, desde asesinatos hasta tráfico de drogas, distribución de medicamentos falsificados, gestión ilegal de residuos tóxicos o explotación sexual y laboral. Todo ello responde a un patrón basado en “el uso instrumental de las personas en beneficio del lucro”.

Crisis ecosocial y delito: dos caras de la misma moneda

La Acción Concertada 2026 subraya también el vínculo entre actividades criminales y devastación ambiental. En la línea de Laudato si’, advierte de que los vertidos contaminantes, la explotación ilegal de recursos naturales o el comercio de especies protegidas afectan sobre todo a las comunidades más vulnerables.

“La crisis ecológica y la crisis social se retroalimentan», señala el texto, reclamando una respuesta integral. Justicia y Paz Europa reclama una concepción de la seguridad que vaya más allá de lo policial o militar e integre dimensiones “físicas, sociales, económicas y ambientales”.

Ese enfoque permite ver que la delincuencia organizada “amenaza no solo a individuos concretos, sino también a la convivencia, a la cohesión social y a la sostenibilidad del planeta”. Por ello, considera imprescindible un enfoque transversal que involucre a gobiernos, organizaciones sociales, instituciones educativas, sistemas judiciales, sectores económicos y comunidades religiosas.

El documento insiste en que ninguna estrategia será eficaz sin una “reflexión honesta” sobre las formas cotidianas en las que la ciudadanía se beneficia directa o indirectamente de actividades criminales: trabajos no declarados, evasión fiscal, consumo de productos ilícitos o participación en mercados opacos, como el del arte.

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La delincuencia organizada “prospera allí donde existe demanda, tolerancia o indiferencia”; por ello, el cambio debe ser “cultural antes que legislativo”.

La reunión en Turín permitió profundizar en estas cuestiones. La inauguración estuvo marcada por el testimonio del padre Luigi Ciotti, presidente de la asociación Libera, quien ofreció una reflexión “poderosa” sobre las implicaciones sociales, económicas y morales del crimen organizado e invitó a renovar el compromiso con “una cultura de la integridad” en Europa.

Educar para una paz desarmada y desarmante

El sábado, el arzobispo Luigi Renna presentó el documento “Educar para una paz desarmada y desarmante”, que suscitó un amplio debate sobre el papel de la educación en la construcción de una ciudadanía activa, justa y comprometida.

Rosanna Tabasso, presidenta de Sermig, compartió experiencias sobre cómo transformar “los arsenales de guerra en arsenales de paz”, convirtiendo espacios e instrumentos de conflicto en lugares de solidaridad y esperanza.

Durante las sesiones de trabajo, las delegaciones avanzaron en la elaboración de un nuevo plan de trabajo cuatrienal y compartieron prioridades para promover la dignidad humana, la justicia social, la paz y la ecología integral.

El programa incluyó también una visita a la casa de san Juan Bosco y una eucaristía en la catedral de Turín, presidida por el cardenal Roberto Repole, seguida de una visita a la tumba de san Pier Giorgio Frassati.

Al finalizar, el arzobispo Antoine Hérouard y Maria Hammershoy, copresidentes de Justicia y Paz Europa, agradecieron a la Comisión italiana su hospitalidad e invitaron a participar en la próxima Asamblea General, que se celebrará en Glasgow del 18 al 21 de septiembre de 2026.

Una exigencia ética y espiritual

El texto concluye que combatir el crimen organizado “no es solo una obligación política y jurídica, sino también una exigencia espiritual y ética”.

La llamada cristiana a la justicia y la paz exige denunciar las estructuras de pecado, acompañar a las víctimas y promover culturas de reconciliación.

Solo “alianzas amplias” entre gobiernos, sociedad civil e iglesias podrán hacer frente a un fenómeno que amenaza “no solo la seguridad de Europa, sino la dignidad de millones de personas”.

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