Lola Contreras: “Las políticas no son adecuadas para sacar a los barrios de la exclusión”

Lola Contreras: “Las políticas no son adecuadas para sacar a los barrios de la exclusión”
Lola Contreras Izquierdo, bióloga de formación y miembro de la Asociación Andaluza de Barrios Ignorados desde hace varios años, dará la ponencia Transformar participando en la Escuela de Formación Sociopolítica y Fe Cristiana de Canarias, este martes 27 de enero. Será a las 19 horas en la Casa de la Iglesia, pudiéndose seguir por Zoom. Para la también militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Jaén, “la gente está desanimada y tiene muy poca esperanza de que organizándonos podamos revertir la situación que vivimos”.

¿En qué va a centrar su ponencia sobre Transformar participando?

Voy a centra la comunicación en la necesidad que tenemos desde los barrios de organizarnos los vecinos y las vecinas para transformar los espacios de las ciudades, en las que las familias que vivimos en ellos tenemos condiciones de vida distintas o con más problemas que en el resto de los barrios de las ciudades en las que vivimos. Y ver la necesidad de por qué nos tenemos que organizar, que nos tiene que doler el barrio para poder transformarnos.

Has sido presidenta y ahora miembro de la Asociación Andaluza Barrios Ignorados. ¿Cuándo y por qué surge ese movimiento?

La asociación andaluza surge en el año 2009 como coordinadora y se constituyó formalmente en 2012. Surge porque fundamentalmente de personas que estábamos participando en la vida asociativa de los barrios. Formábamos parte del movimiento de los barrios, sobre todo del movimiento vecinal, y veíamos que, desde las instituciones locales, sobre todo desde los ayuntamientos, las necesidades que veíamos que había en los barrios, tanto a nivel de las personas como de la infraestructura de los barrios, no se resolvían del todo con una respuesta local, desde la parte municipal. Necesitábamos un instrumento que nos abriera las puertas para la política que se hace en la Junta de Andalucía en el Parlamento. Eso fue lo que nos decidió a crear ese instrumento que fue la Asociación Andaluza Barrios Ignorados para incidir en las políticas públicas de la Junta Andalucía

¿Qué balance hace de su experiencia?

Ha sido muy positivo. Hemos creado un relato propio. El relato que sale en los medios de comunicación es el de las Administraciones. Y parece que los vecinos y las vecinas, que vivimos en los barrios ignorados, somos los culpables de lo que pasa en nuestro barrio. Y al analizar lo que pasa y las causas, nos damos cuenta de que es todo lo contrario, que son las políticas que se están haciendo, que no van en la dirección adecuada para sacar a estos barrios de la exclusión y del empobrecimiento en el que estamos. Entonces hemos conseguido un relato propio que nos hace salir de ese victimismo que muchas veces en el que nos encontramos y que nos hace ser protagonistas de las decisiones que vamos tomando.

¿Cuál ha sido la respuesta de las instituciones a sus demandas?

La respuesta ha sido muy escasa. Tenemos muy poca incidencia política desde la asociación. Es verdad que se construye ese relato alternativo que nos han servido tanto para negociar tanto con la Junta de Andalucía como con los grupos parlamentarios propuestas concretas de que las políticas públicas en Andalucía tienen que ir en otro sentido. Es verdad que ya hemos abierto un espacio de diálogo, de acercar los testimonios de las familias y nuestro relato a las instituciones. Por eso va calando poco a poco, pero necesitamos mucha más fuerza, mucha más organización en cada uno de los barrios de Andalucía, para que nuestra voz sea más escuchada y podamos tener más fuerza para llegar a las instituciones.

¿A qué se debe que existan tantos barrios ignorados?

De los ocho millones y pico que estamos en Andalucía, hay casi un millón en los barrios calificados por la Junta como vulnerables. Y corresponde a que las políticas públicas de la Junta no llegan a esas 98 zonas de Andalucía. Y se da el caso que en esta zona el nivel de empobrecimiento y de exclusión social, que es el principal problema que hay en esta zona, no se resuelve. En Andalucía desde 1989 se están catalogando estas zonas. Cada vez se van sumando más zonas a las vulnerables, y se sigue sin dar respuesta.

Nosotros el análisis que hacemos es que, aunque se está invirtiendo en estas zonas, no se están aplicando las políticas adecuadas. Porque fundamentalmente, a la hora de implementar las políticas públicas, no se tiene en cuenta la participación de los vecinos y de las vecinas, y no existe un trabajo coordinado de las distintas administraciones. Para dar respuesta a lo que pasa en estas barriadas hace falta el concurso que participen conjuntamente las tres instituciones: la local, la andaluza y la estatal.

Las Administraciones no están acostumbradas a trabajar conjuntamente. Además, las familias de estas zonas son familias que tienen muchas necesidades, no solamente una necesidad, o tienen distintos derechos que no están resueltos. Y, entonces, no se sabe tampoco trabajar de forma que pongamos a las familias en el centro, sino que las administraciones cada una va por su lado y no ponen en el centro a la persona. Entonces, hay distintos factores que inciden en que no se mejoren estas zonas, ni los barrios, ni las familias que en ellas vivimos.

¿Cómo es la implicación de la ciudadanía?

Es bajita. Las familias que vivimos en estos barrios tenemos muchos problemas. Y para vivir tienes que emplear muchas horas al día en conseguir lo mínimo para poder sacar a las familias adelante, te queda poco tiempo para participar. Eso es una realidad. Y otra realidad es que como estamos ya tan desanimados y no creemos que la solución venga por parte de las administraciones, hay muy poca esperanza de que organizándonos podamos revertir la situación que vivimos. Entonces, es bastante complicado.

¿Qué se puede hacer ante ese panorama influenciado por el individualismo y la desconfianza institucional?

Nos tenemos que constituir como en esa fuerza motor que hagamos que las Administraciones trabajen de otra forma. Por eso hemos creado las escuelas vecinales, que son espacios de participación. Empezamos en septiembre hasta junio, como un curso escolar, cada quince días, en el que los vecinos nos reunimos, valoramos y analizamos lo que está pasando en el barrio e intentamos generar una respuesta desde dentro del barrio.

Y también intentamos motivar a que más vecinos se preocupen por lo que pasa en el barrio y en el día a día pongamos ese granito de arena. La valoración que nosotros hacemos de las escuelas vecinales es muy positiva y son espacios en los que se están animando a los vecinos y a las vecinas a participar. Ahí vemos que puede haber una vía de esperanza, de construir esperanza de forma colectiva y trabajar ese individualismo en el que estamos metidos.

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