León XIV llama a redistribuir los bienes y a sustituir la industria de la guerra por el artesanado de la paz

León XIV llama a redistribuir los bienes y a sustituir la industria de la guerra por el artesanado de la paz
FOTO | Vatican Media
El Papa sitúa la Epifanía y el Jubileo como una llamada a reorganizar la convivencia, combatir la desigualdad y tejer una esperanza con consecuencias históricas

En la solemnidad de la Epifanía del Señor, el papa León XIV ha vinculado el rezo del Ángelus con una llamada clara a la justicia social, la redistribución de los recursos y la construcción activa de la paz, situando el sentido de esta celebración y del Jubileo –que ha clausurado– en el corazón de los signos de los tiempos.

El Papa ha recordado que el Jubileo lleva en su origen una lógica profundamente transformadora, que no se limita a la esfera espiritual, sino que interpela directamente a la organización de la vida social. En ese contexto, ha afirmado que el Jubileo “tiene en sí mismo el llamado a reorganizar la convivencia, a redistribuir la tierra y los recursos, a devolver ‘lo que se tiene’ y ‘lo que se es’ a los sueños de Dios, más grandes que los nuestros”. Una afirmación que sitúa la gratuidad como fundamento de la justicia y cuestiona las dinámicas de acumulación y desigualdad que atraviesan el mundo actual.

El pontífice ha subrayado que esta lógica del don se expresa de manera simbólica en los dones ofrecidos por los Magos al Niño de Belén. Aunque no fueran útiles en un sentido práctico, oro, incienso y mirra revelan una actitud radical: “Da mucho quien lo da todo”, afirma. En esa línea, ha recordado que “todo, verdaderamente todo lo que somos y poseemos, pide ser ofrecido a Jesús, tesoro inestimable”, vinculando la fe con una disponibilidad real a compartir bienes, vida y responsabilidades.

Una esperanza con consecuencias históricas

El Papa ha insistido en que la esperanza cristiana no puede quedar desligada de la realidad concreta. “La esperanza que anunciamos debe tener los pies en la tierra”, ha afirmado, precisando que, aunque “viene del cielo”, está llamada a “generar, aquí abajo, una historia nueva”. Desde esta convicción, ha descrito algunas de las consecuencias sociales y políticas de una fe vivida en clave de Epifanía.

Entre ellas, ha destacado la necesidad de transformar las relaciones humanas y sociales: “Que los extraños y los adversarios se conviertan en hermanos y hermanas”, ha señalado, apuntando a la fraternidad como alternativa a la exclusión, la polarización y la enemistad. Del mismo modo, ha nombrado de forma explícita una de las grandes heridas del presente: “Que, en lugar de las desigualdades, haya equidad”, situando la justicia social como criterio verificable del crecimiento del reino de Dios.

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Especial fuerza ha tenido la contraposición que ha planteado entre dos modelos de sociedad: “Que, en vez de la industria de la guerra, se afirme el artesanado de la paz”, denunciado la guerra como sistema organizado y lucrativo, y ha propuesto una cultura de paz basada en el cuidado, la proximidad y la responsabilidad compartida, construida día a día desde abajo.

“Tejedores de esperanza”, por otro camino

El Papa ha concluido su reflexión retomando el final del relato evangélico de los Magos, que regresan a su tierra “por otro camino”. “Tejedores de esperanza, pongámonos en camino hacia el futuro por otro camino”, ha exhortado, invitando a una conversión personal y colectiva que rompa con las inercias que reproducen desigualdad, violencia y exclusión.

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