La plantilla de Glovo en Madrid da la mayoría a los sindicatos de clase, “un primer paso” para hacer valer sus derechos

La candidatura de Comisiones Obreras (CCOO) ha ganado las elecciones en Glovo de la Comunidad de Madrid, al obtener 13 de los 27 delegados en juego. “Un primer paso, dentro lo posible” para organizar a los riders y “crear vínculos”, destaca el responsable de Acción Sindical de la Federación de Servicios a la Ciudadanía, Carlos Sola.
Ya es un logro convocar elecciones en este tipo de empresas que, aprovechando las posibilidades tecnológicas, trata de flexibilizar al máximo las relaciones laborales. La batalla sindical y legal por el respeto a los derechos y la legislación laborales lleva ya años.
Recientemente, Uber Eats, que había vuelto a explotar el trabajo autónomo, ha anunciado su intención de volver al esquema laboral para evitar responsabilidades penales, aunque ahora han cobrado protagonismo las subcontratas encargadas del reparto a domicilio.
Por su parte, Glovo anunció en 2024 la laboralización de toda su plantilla –unos 14.000 repartidores– coincidiendo con la citación judicial de su máximo dirigente, Óscar Pierre, como investigado por un supuesto delito contra los derechos de los trabajadores.
“La empresa no tiene ningún interés en que la plantilla tenga representación”, detallo Sola, quien explica que la dirección de la compañía suele impugnar por sistema todas las convocatorias. Para ello, aducen que no hay un centro de trabajo físico que pueda hacer de unidad electoral. Pero en Madrid, sí hay oficinas y centros de trabajo.
Otro de los impedimentos en la carrera por obtener representación legal son los censos de potenciales votantes. Las listas que la empresa entrega, con frecuencia, no están actualizadas. “Como casi todo en Glovo es un caos, no saben ni quiénes trabajan para ellos ni cuántos son”, completa el sindicalista.
“Entregan las bases de datos sin filtrar, tal y como se registra la gente en la aplicación, con nombres como ‘José Rider’ y cosas así, sin distinguir si las personas trabajadoras están activas o no”, clama el sindicalista.
Fue el sindicato UGT el que decidió presentar el preaviso de elecciones, a pesar de la dificultad de llegar a los repartidores, dispersos por la geografía de la Comunidad y la falta todavía de mayor conciencia.
Un preaviso arriesgado
“Era arriesgado”, reconoce el coordinador de Plataformas Digitales en UGT, Fernando García, porque “la plantilla está dispersa, muy politizada, con una presencia significativa de venezolanos con un fuerte sentimiento antichavista y, sobre todo, porque hay muchas cuentas alquiladas que dificultan saber quiénes son los titulares que trabajan de verdad con la aplicación”.
A pesar de que su organización apenas ha obtenido tres delegados, se alegra, después de todo, del resultado final. Los dos principales sindicatos han reunido el 59% de los votos. Fetico ha logrado el 15,6%; el Sindicato Libre de Transportes, el 12,5%; y la organización promovida por Vox, Solidaridad, el 12,2%.
Dentro del sector, había quien anticipaba una victoria del sindicato satélite de la formación de ultraderecha Vox, que ha hecho de la defensa acérrima del modelo original de Glovo, basado en la utilización en fraude de ley del trabajo autónomo, una de sus obsesiones particulares.
“Es positivo que haya un comité de empresa y que podamos empezar a ordenar un sector que ahora mismo es un caos”, opina García, quien confirma la disposición de su sindicato a trabajar por los derechos de los repartidores.
Desde UGT como de CCOO no ocultan su frustración por la baja participación de la plantilla. Solo han votado 320 de los 2.890 repartidores llamados a votar, el 11,1% de la plantilla madrileña.
“Nos apena la apatía y la escasa implicación”, dice Sola, desde CCOO, que lo achaca “al alto porcentaje de cuentas falsas”.
El sindicalista, con experiencia en elecciones parecidas en Navarra y otros lugares del país subraya que su volumen en Madrid es muy superior al de otros sitios. “La empresa no se preocupa por cerrarlas, tampoco el Ministerio de Trabajo”, añade.
Muchas de las cuentas con las que trabaja Glovo pertenecen a personas migrantes con papeles que las alquilan a familiares o amigos que no tienen los permisos en regla, independientemente de quien cobra para llevarse un porcentaje. Esto explica, en su opinión, que en la ciudad de Madrid apenas hayan votado poco más del 5% de la plantilla.
En las localidades de alrededor, en cambio, el porcentaje ha llegado a algo más del 20%, lo que es más habitual en este tipo de elecciones.
Sindicalismo de siempre
Eso sí, Carlos Sola, confiesa que “estamos orgullos y contentos por el resultado de tanto trabajo”. “Nos hemos pateado las calles, hemos hecho visitas a horas intempestivas y hemos organizado asambleas en lugares insospechados”, añade.
“Ha sido producto del sindicalismo de siempre, del contacto directo, de ir donde nadie había llegado antes y de interesarse de quienes normalmente parecen no importar”, sintetiza.
Por supuesto, confiesa, ha habido que “adaptarse al comportamiento de estas empresas que no tienen respeto por los derechos y las leyes” y a las que “no les importa tener que pagar multas millonarias”.
El siguiente paso, explica, será la formación del comité de empresa y “dejar que los delegados elegidos acumulen experiencia”.
Sentirse comunidad
“Habrá que ir viendo, hay reivindicaciones que están muy claras, como es el pago del kilometraje y los costes del transporte, pero primero hay que conseguir que la empresa se siente a negociar”.
El convenio que ahora mismo se aplica data de 2016 y las tablas salariales no están actualizadas, además de que no está del todo claro el convenio de referencia que mejor se ajusta a la actividad del sector.
Su deseo para el futuro es que las tres grandes plataformas –Just Eats, Uber Eats y Glovo– formen ya una asociación patronal, “para dejar de hacerse la competencia desleal”, y negociar así “un nuevo convenio que mejore las condiciones de trabajo”.
Este avance, obtenido gracias a “la lucha y la organización”, puede “servir de ejemplo para otras provincias donde también se han convocado elecciones”, sin ir más lejos, en Almería, donde se celebran hoy mismo.
“Ahora se puede decir que los riders de Madrid empiezan a tener un sentimiento de comunidad o al menos ha empezado a tenerlo”, dice Sola, quien concluye que “hoy los trabajadores están en mejores condiciones de exigir mucho más que antes”.
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