La diócesis de Getafe cierra el ciclo dedicado a las “novedades” que la Doctrina Social de la Iglesia plantea en la actualidad

Un grupo de personas, agentes de pastoral, militantes obreros y personas vinculadas a parroquias y comunidades cristianas, asistieron a la primera sesión dedicada a conocer las “novedades” del pensamiento social de la Iglesia, impartida por el exconsiliario general de la HOAC, Fernando Díaz Abajo, quien describió la evolución desde León XIII a León XIV. Esta tarde tendrá lugar la segunda parte.
Pese constituir un parte imprescindible del pensamiento cristiano contemporáneo, el magisterio social de la iglesia sigue siendo un gran desconocido en la vida ordinaria de las parroquias y en la acción de las comunidades cristianas, incluso entre quienes más esfuerzos dedican a promover la justicia social y el compromiso con las personas empobrecidas.
Una historia que sigue haciéndose hoy
Díaz Abajo dibujó una línea continua para recorrer la historia de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) desde Rerum novarum hasta Dilexi te, poniendo en práctica la lectura creyente de la historia, mostrando cómo cada documento social surge en diálogo con los acontecimientos de su tiempo. Desde la Revolución Industrial hasta la actual revolución tecnológica, el ponente subrayó que la Iglesia siempre ha respondido a los desafíos del trabajo, la pobreza y la dignidad humana con criterios éticos y teológicos.
La DSI también denominada pensamiento, enseñanza o magisterio, no es un marco estático de interpretación de la realidad, ni un prontuario de medidas, sino que ofrece principios fundamentales, estos sí, permanentes, además de orientaciones de acción que se adaptan a cada contexto histórico.
Como parte de la teología moral, impulsa una forma de encarnar el Evangelio en la vida social, económica y política de cada tiempo y lugar, del que cabe extraer criterios concretos de discernimiento de la realidad que inspiran líneas de acción, como aplicación de los grandes principios.
Si Rerum novarum denunció la explotación obrera de su tiempo, Dilexi te, del papa León XIV, guiado con el mismo propósito de denunciar la deshumanización de las relaciones sociales, advierte de los terribles efectos de la crisis ecosocial y la servidumbre que impone la tecnología de la mano de la “cultura del descarte” y la “economía que mata”, de las que había hablado el papa Francisco.
En su ponencia, Díaz-Abajo, identificó cinco grandes etapas en las que se pueden encuadrar los diferentes documentos pontificios.
Una mirada cristiana al ámbito social
Una primera, de 1891 a 1931 en la que empieza a sistematizarse el magisterio social, con la convicción de que la Iglesia no puede callar ante las injusticias sociales, sino que debe ofrecer una visión propia de la cuestión social, basada en su tradición y en su constante preocupación por quienes más sufren, a la luz de las novedades científicas y sociales.
Entonces ya se afirma la primacía de los valores morales, la dignidad del trabajador y del trabajo, la propiedad privada con función social y critica la ley de la oferta y la demanda como criterio moral para fijar el salario, proponiendo el salario justo y familiar. Aunque utiliza conceptos del marxismo, se critica por igual el comunismo y el capitalismo, apelando a la necesidad de orientar la acción política y económica por los valores cristianos y plantear una ideología propia.
La civilización cristiana
De 1931-1958, con Pío XI y Pío XII, la cuestión social se plantea ya como confrontación entre capitalismo y comunismo, frente a los cuales la Iglesia propone una civilización cristiana y un nuevo orden social. Quadragesimo Anno profundiza en la función social de la propiedad, la legitimidad del salario familiar, la colaboración entre clases y el principio de subsidiariedad frente a los totalitarismos. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, Pío XII orienta la DSI hacia la reconstrucción del orden internacional, subrayando el papel central del trabajo, la familia y el uso justo de los bienes materiales como bases de la vida social.
El diálogo con el mundo
Con Juan XXIII, el Concilio Vaticano II y Pablo VI, de 1958-1978, la DSI entra en una fase marcada por el diálogo con el mundo moderno y la asunción de una dimensión planetaria de la cuestión social, especialmente el desequilibrio entre Norte y Sur. Documentos como Mater et Magistra, Pacem in Terris, Gaudium et Spes y Populorum Progressio expresan un cambio metodológico decisivo: del enfoque deductivo se pasa al método inductivo del ver–juzgar–actuar, leyendo los signos de los tiempos a la luz del Evangelio y orientando la reflexión hacia la construcción de un nuevo orden mundial más justo y solidario.
El humanismo global
En los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, la insistencia recae en la necesidad de alentar el humanismo global (1978-2013). La cuestión social se profundiza hasta convertirse en una cuestión antropológica, centrada en la calidad humana de la vida y no solo en el crecimiento económico. El bien común incorpora bienes relacionales e inmateriales, mientras implosionan los grandes modelos históricos (cristiandad, socialismo real y capitalismo liberal). Caritas in Veritate plantea el gran desafío del siglo XXI: un nuevo modelo de desarrollo mundial basado en un humanismo integral, capaz de superar el individualismo y de promover la unidad en la diversidad.
La revolución de la fraternidad y los movimientos sociales
La última etapa, la actual, coincide con una ampliación de los asuntos y preocupaciones a la luz de la tradición cristiana y la enseñanza social efectuada primero por Francisco y luego, al menos por ahora, por su sucesor León XIV. El papa Francisco impulsa una renovación profunda de la DSI desde las periferias y los pobres, integrando evangelización y compromiso social: la economía, la ecología y la cultura forman una única crisis ecosocial (Laudato Si’), y se propone un proyecto sociopolítico basado en la fraternidad, la amistad social y el bien común (Fratelli Tutti), con una crítica explícita al paradigma tecnocrático y al sistema capitalista.
León XIV continúa este camino subrayando la necesidad de un nuevo orden global para una paz desarmada y la centralidad del trabajo como eje de la DSI y de la evangelización en el contexto de los desafíos actuales, como la crisis ecosocial y la inteligencia artificial, además de apelar al papel de los movimientos sociales.
Precisamente será esta etapa la que centre la segunda sesión de estas jornadas que se celebran en Getafe, para dar paso a un diálogo con las personas asistentes, en torno a las respuestas que la Iglesia puede ofrecer a los desafíos de nuestro mundo. Algunos como el acceso a la vivienda, el trabajo con derechos o la cobertura social no tan diferentes a hace un siglo y otros derivados de las “novedades” de las actuales “cosas nuevas”, como el uso de la tecnología, la lucha contra el cambio climático, la gestión de las migraciones y la promoción de la paz desarmada y desarmante.
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