En la noche herida: vivo sin vivir en nosotras

En la noche herida: vivo sin vivir en nosotras
Fotograma del Vídeo del Papa. "Por las mujeres que son víctimas de violencia" (Febrero 2021)

Oración recogiendo el asesinato de Victoria de Alhaurín de la Torre en Málaga, teniendo en cuenta también la detención de un hombre de 32 años (en Barakaldo) como presunto autor de la agresión con arma blanca a dos mujeres, de 32 y 27 años (en Lezama).
De fondo el poema de San Juan de la Cruz y el Evangelio de este domingo (Mt 4, 12-23)

 

No vivimos.
No podemos vivir.
Y, sin embargo, seguimos respirando
con un nudo en la garganta.

Victoria,
nombre de derrota,
nombre robado a los treinta y tres años,
con tres hijos mirando la muerte
entrar en casa con un cuchillo.
Vivía registrada,
protegida en papeles,
clasificada en riesgo bajo…
y aun así
muerta.
Muerta del todo.

En Lezama,
dos mujeres corriendo por la vida,
un aparcamiento sin refugio,
un cuchillo persiguiendo,
un grito,
una caída,
sangre en el muslo,
sangre en la ingle,
sangre en las manos
que lograron arrebatar el arma.
Sobrevivieron.
Pero el miedo ya no se va.

Señor,
vivimos sin vivir en nosotros
y esta vida duele.
Duele como mil muertes pequeñas.
Duele porque no es normal.
Duele porque no basta con vigilar,
con prohibir,
con registrar.
Duele porque seguimos llegando tarde.

Estar y no ser indiferentes:
ahí nos jugamos el alma.
Porque quien se acostumbra a la noche
termina llamándola normalidad.

Tú, Jesús,
cuando supiste del arresto,
del encierro,
de la violencia,
no huiste.
Te fuiste a Galilea,
a la tierra mezclada,
y empezaste a decir:
El pueblo que caminaba en tinieblas
vio una gran luz.

Hoy la tiniebla tiene nombre,
tiene expediente,
tiene cuchillo,
tiene niños huérfanos,
tiene mujeres que corren.

Sácanos, Señor,
de esta muerte lenta
de mirar hacia otro lado.
No nos dejes vivir sin vivir.
No nos dejes morir por no reaccionar.

Llámanos,
en medio del miedo,
a cambiar de rumbo.
A cuidar la vida antes de que sangre.
A tejer redes que sostengan
cuando la ley no alcanza.
A ser luz concreta,
mano firme,
voz que no se calla.

Porque nos duele.
Porque no aceptamos esta muerte.
Porque, contigo,
queremos vivir
y no morir así.

Amén.