“El arte de ejercer la ciudadanía”: un llamamiento urgente frente al retroceso de derechos

Con la convicción de que “hubo tiempos mejores, pero todavía no son los peores”, los autores del libro El arte de ejercer la ciudadanía en su presentación en el Centro Pastoral San Carlos Borromeo, llamaron a no bajar los brazos en la defensa de los grandes valores humanos: paz, fraternidad y cuidado mutuo.
“Frente a la fuerza y la violencia, es momento de volver a nombrar la paz”, afirmó Emilio José Gómez Ciriano, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y autor de Ediciones HOAC. Junto a él, escriben Carlos Berzosa, antiguo rector de la Universidad Complutense y presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), y Francisca Sauquillo, abogada laboralista y presidenta del Movimiento por la Paz, quien finamente no asistió al acto.
La obra, escrita hace tres años y publicada en el marco del 75º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no puede ser más actual. Con prólogo del añorado Federico Mayor Zaragoza, el libro pretende ser un instrumento para “energizarse” en estos tiempos “turbulentos y tormentosos”.
“No debemos olvidar a dónde nos llevó un mundo guiado por el odio y el miedo”, advirtió Gómez Ciriano, recordando que la Declaración nació para “liberar a la humanidad del temor y la miseria”, tras los excesos de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, el jurista lamentó que la obligación de difundir y educar en derechos humanos “no se ha tomado en serio”. Por ello, insistió en la necesidad de ponerlos en práctica en la vida cotidiana y en la acción pública.
“La democracia es mucho más que votar cada cuatro años”, subrayó, citando al filósofo Michael Walzer: “La democracia exige la vida y el diálogo en la plaza”.
Ciudadanía activa: más allá del voto
Uno de los mensajes centrales del acto fue la insistencia en que ser ciudadano o ciudadana implica reclamar derechos y asumir responsabilidades. “Ser ciudadano es exigir sanidad y educación universales, apostar por otra manera de relacionarse”, coincidieron los autores.
Gómez Ciriano añadió que “somos más y mejores ciudadanos, cuanto más conscientes somos de nuestros derechos”, y recordó que cada derecho está vinculado a la dignidad: “El derecho a la vivienda implica un espacio seguro; el derecho a la salud, una vida digna; el derecho a la educación, oportunidades para todos”.
Neoliberalismo y desigualdad: caldo de cultivo para el autoritarismo
Carlos Berzosa, economista y discípulo de José Luis Sampedro, alertó sobre el impacto del neoliberalismo en la erosión de derechos sociales. “La libertad económica no es más que la libertad de los ricos para imponerse sobre los pobres”, afirmó.
Según Berzosa, las políticas impulsadas desde los años 80 del siglo pasado por Thatcher y Reagan han provocado “una desigualdad y concentración de poder desconocidas hasta la fecha”.
“Las rebajas fiscales a los más ricos, la desregulación y la precariedad laboral generan gran inestabilidad en la vida de las personas”, explicó.
“Ese malestar está siendo utilizado por fuerzas autoritarias para hacerse con el poder”. A su juicio, el ascenso de la ultraderecha no es inevitable: “No está escrito que haya un cambio de ciclo; depende de la voluntad de la mayoría y de su compromiso en defensa de los grandes valores humanos”.
Lenguaje, redes y manipulación
La exposición abordó el papel del lenguaje y las redes sociales en la configuración de la ciudadanía actual. “Las fuerzas reaccionarias han entendido la importancia del lenguaje y lo están triturando”, denunció un participante. “¿Qué significa hoy libertad? ¿Tomar cañas en una terraza?”, se preguntó y respondía con Isaiah Berlin, quien decía que “la libertad del lobo es la muerte del rebaño”.
Las redes, que en sus inicios fueron herramientas para la movilización progresista, se han convertido en espacios dominados por la desinformación. “Se intoxica a la población con medias verdades y falsedades, generando miedo y ansiedad”, alertaron los autores.
Este fenómeno, unido a la falta de educación en derechos, dificulta la construcción de una ciudadanía crítica.
Un prólogo que invita a la esperanza
El libro cuenta con un prólogo firmado por Federico Mayor Zaragoza, exdirector general de la UNESCO, fallecido hace un año. Los autores lo describen como “una poderosa razón para leer el libro”, por su capacidad para “poner el dedo en la llaga y apostar por la esperanza”. Mayor Zaragoza defendía la idea de una ciudadanía activa, que no baja los brazos y que asume su responsabilidad en la defensa de los derechos humanos.
Memoria histórica y desafíos actuales
En el marco del 50º aniversario de la muerte de Franco, Berzosa recordó la importancia de la memoria histórica: “La democracia no la trajeron el Rey y Suárez; la trajo la calle”.
Sin nostalgias, pero con firmeza, llamó a seguir luchando contra la desigualdad, el autoritarismo y el individualismo creciente. “Es triste ver cómo se están usurpando derechos que tanto costó conquistar”, lamentó.
La reflexión se extendió al contexto internacional: guerras en Ucrania y Gaza, retrocesos democráticos en Estados Unidos y el auge de líderes autoritarios. “Estamos retrocediendo en derechos humanos”, advirtieron. “Algunos hablan de cambio de ciclo, pero no tiene por qué ser mecánico. Hay que luchar para evitarlo”.
Un arte colectivo para no bajar los brazos
El título del libro resume su filosofía: la ciudadanía no es innata, se aprende y se practica. “Como no se nos ha enseñado a ejercerla, tenemos que ponernos manos a la obra”, afirmaron los autores. Una asistente propuso añadir “colectivo” al título, para subrayar la dimensión comunitaria del desafío: “Si algo nos puede ayudar a sobrellevar todo esto, es hacerlo juntos”.
El acto concluyó con un llamamiento a la acción: recuperar la cercanía, la comunidad y el encuentro. “Todavía no son los peores tiempos”, dijo Gómez Ciriano, “pero solo podremos evitarlo si no bajamos los brazos”.
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