Arranca la Junta de Paz en Gaza sin haber resuelto la catástrofe humanitaria en los Territorios Ocupados

Aprovechando su presencia en Davos, Donald Trump ha presentado la “Junta de Paz”, entidad contemplada en el plan de 20 puntos aceptado por Israel y Hamas, a pesar de que la situación humanitaria sigue siendo catastrófica en los Territorios Palestinos Ocupados, donde continúan las muertes de personas palestinas por las incursiones militares.
Aunque ya había sido anunciada oficialmente la semana pasada por la Casa Blanca, ha sido esta en estos días cuando se ha escenificado, con la parafernalia y locuacidad que acompaña habitualmente las intervenciones públicas del Donal Trump, la creación de la Junta de Paz, (Board for Peace).
La Junta, que Trump presidirá “indefinidamente”, incluye a su círculo más cercano: el secretario de Estado, Marco Rubio; el enviado especial Steve Witkoff; su yerno Jared Kushner; y el ex primer ministro británico Tony Blair.
Según la propia Casa Blanca, al menos 60 países han recibido invitación, y una decena ya ha confirmado su adhesión, entre ellos Albania, Israel, Marruecos, Egipto, Argentina y Hungría.
En Davos, el presidente estuvo arropado por líderes como Javier Milei (Argentina), Santiago Peña (Paraguay), Prabowo Subianto (Indonesia) y representantes de Turquía y Qatar. Netanyahu, invitado, no asistió por la orden de arresto de la Corte Penal Internacional.
Otros Estados, como Alemania, Francia, Italia, Suecia y Noruega, han rechazado la propuesta, lo que provocó la ira de Trump, que amenazó con imponer aranceles del 200% al vino y champán franceses.
España declina la invitación
España tampoco participará. “Agradecemos la invitación, pero declinamos”, afirmó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al término del Consejo Europeo extraordinario celebrado en Bruselas para abordar la relación transatlántica.
También el Vaticano ha sido invitado a sumarse al proyecto de Trump en Gaza, aunque de momento no hay un pronunciamiento oficial, más allá de las palabras del secretario de Estado, Pietro Parolin, que confesó que todavía en está en fase de estudio. En todo caso, dada la particular naturaleza del estado pontificio, su participación también sería más simbólico que real.
La presentación en Suiza se celebró un día después de un discurso incendiario en el que Trump insistió en su interés por Groenlandia y en renegociar con la OTAN.
No está claro si este organismo, a medias entre en un poder civil y una unión temporal de empresas dedicadas a la reconstrucción y explotación de los recursos de la Franja de Gaza, podrá supervisar el fin de la guerra y obligar a las desequilibradas partes contendientes a cumplir el resto del acuerdo de paz.
Menos aún, cuál será el papel en todo esto de ONU. Preguntado en la rueda de prensa celebrada en Washington al calor de su primer año de mandato, el presidente de Estados Unidos sobre si esta entidad sustituiría a las propias Naciones Unidas, respondió: “Podría ser”.
En la comparecencia de la semana pasada, en la que alardeó de haber puesto fin a “ocho conflictos en diez meses” y volvió a reclamar el Premio Nobel de la Paz, entre otras razones, porque “muchos países lo han pedido”, recurrió a su habitual estrategia negociadora de utilizar al mismo tiempo el palo y la zanahoria.
Tras quejarse de que “la ONU simplemente no ha sido de mucha ayuda” y de que “nunca han estado a la altura de su promesa”, afirmó que “que hay que dejar que [la ONU] siga existiendo, porque su potencial es enorme”.
El coste del asiento permanente asciende a 1.000 millones de dólares (864 millones de euros), destinados —según Washington— a la reconstrucción de Gaza, aunque el plan no se ha hecho público. Algunos países han avisado que no desembolsarán esa cantidad.
“Si tenemos éxito en Gaza, podremos hacer prácticamente todo lo que queramos”, comentó el líder estadounidense.
La catástrofe continúa
Hamas había anunciado su disposición disolver su gobierno en Gaza para facilitar el plan de paz, a mediados de este mes de enero, en medio de las negociaciones para abrir la siguiente fase del plan de Trump.
Sin embargo, el proyecto ha sido calificado de “colonialista” por analistas, que alertan del riesgo de que la Junta se convierta en un instrumento para socavar el orden multilateral surgido tras la II Guerra Mundial. Ningún palestino forma parte del organismo, y ya se han creado dos subcomités para avanzar en la tregua.
Desde el inicio de la tregua, han muerto más de 480 personas en la Franja y cerca de 1.300 han resultado heridas, además de que 200 edificios ha sido demolidos y se han registrado 60 incursiones militares en zonas residenciales, además de 430 tiroteos contra civiles, según fuentes palestinas.
Es más, el día anterior a la presentación de la Junta de Paz, al menos 11 palestinos murieron en la Franja, entre ellos dos menores de 13 años, una mujer y tres periodistas que realizaban grabaciones cerca del campo de refugiados en el centro de Gaza, según fuentes sanitarias bajo control de Hamás.
Excavadoras israelíes, hace tres días, demolieron la sede de la UNRWA en Jerusalén Este. La Unión Europea calificó la operación como “un grave ataque contra las Naciones Unidas” y recordó que “constituye una violación de las obligaciones de Israel en virtud de la Convención sobre privilegios e inmunidades”, según declaró Anouar En Anouni, portavoz del Servicio Europeo de Acción Exterior.
La Comisión General de Justicia y Paz España también ha condenado la destrucción sistemática de las instalaciones de la UNRWA, por entender que “que supone una clara y grave violación del derecho internacional – uno más por parte del Gobierno israelí – y al respeto de los privilegios e inmunidades de las Naciones Unidas y sus organismos”.
A pesar de la escenografía desplegada por la Administración Trump, lo cierto es que la situación humanitaria sigue siendo crítica. “Falta de todo y nadie ve el final”, lamenta el padre Gabriel Romanelli, párroco de la iglesia de la Sagrada Familia en Gaza, en un mensaje enviado a la fundación italiana L’Isola che non c’è.
“La mayor parte de la población vive bajo tiendas, sin seguridad sanitaria. Cientos de miles sufren enfermedades respiratorias y gastrointestinales. También nosotros, junto con la mayoría de nuestros 450 refugiados, hemos enfermado”, explica.
Aunque hay más productos en el mercado, “la gente no tiene dinero para comprarlos porque lo ha gastado todo durante la guerra y ha perdido el trabajo y sus casas”.
A estas palabras se suman las de los obispos europeos y estadounidenses de la Coordinadora de Tierra Santa, que han peregrinado a hasta la región en señal de solidaridad.
“La Tierra de la Promesa se ha reducido aún más y está cada vez más puesta a prueba. Gaza sigue siendo una catástrofe humanitaria”, escriben en un comunicado, alertando también sobre el desánimo y el miedo en Cisjordania.
Apoya y cuida Noticias ObrerasTu aportación hace posible un periodismo comprometido con la dignidad del trabajo, la justicia social y la esperanza. Suma tu donación y ayúdanos a seguir construyendo, día a día, esta mirada

Redactor jefe de Noticias Obreras



