León XIV llama a transformar el grito de la tierra y de los pobres en “un parto” de justicia y compromiso cristiano

León XIV llama a transformar el grito de la tierra y de los pobres en “un parto” de justicia y compromiso cristiano
FOTO | Audiencia del papa León XIV a los movimientos populares (Octubre, 2025)
El Papa clausura las audiencias jubilares subrayando que la esperanza cristiana es una fuerza que engendra vida nueva. En continuidad con anteriores catequesis, vuelve a reclamar una fe que tome posición y se haga cargo del clamor de la casa común y de las personas que peor lo están pasando

La plaza de San Pedro acogió este sábado la última de las audiencias vinculada al Jubileo de la Esperanza En su catequesis número once, titulada Esperar es generar. María, esperanza nuestra, el Papa profundizó en una idea ya central en su magisterio: la esperanza cristiana es una fuerza activa que engendra vida, justicia y compromiso.

León XIV retomó y amplió el mensaje de catequesis anteriores, como la de Esperar es tomar posición. Dorothy Day, insistiendo ahora en su dimensión creadora y transformadora. Si entonces llamaba a situarse ante la injusticia, en esta ocasión subrayó que esperar implica generar, hacer nacer algo nuevo allí donde hoy dominan el sufrimiento, la desigualdad y la exclusión.

Un Dios que no amenaza, sino que engendra

A las puertas de la Navidad, el Papa partió de una afirmación del Adviento: “el Señor está cerca”, para reinterpretarla desde el misterio de la Encarnación. “Sin Jesús, esta expresión podría sonar casi como una amenaza. En Él, en cambio, descubrimos que Dios es un seno de misericordia”, afirmó. El Niño de Belén revela, según explicó, que Dios “tiene entrañas de misericordia, a través de las cuales genera siempre. En Él no hay amenaza, sino perdón”.

Esta imagen de Dios como fuente de vida permitió al pontífice introducir el núcleo de su catequesis: la esperanza como virtud teologal que engendra. “Sin esperanza estamos muertos; con la esperanza venimos a la luz”, señaló, subrayando que se trata de una fuerza que viene de Dios y que, por tanto, “no mata, sino que hace nacer y renacer”.

Frente a esta lógica, León XIV contrapuso una falsa idea de poder muy presente en la historia y en la actualidad, al recordar que “la fuerza que amenaza y mata no es fuerza: es prepotencia, es miedo agresivo, es un mal que no genera nada”.

El clamor de la creación como dolor de parto

El Papa recurrió a una imagen del apóstol Pablo para recordar que “toda la creación gime y sufre los dolores del parto hasta hoy”. En su opinión, esta expresión ayuda a escuchar y a llevar a la oración “el grito de la tierra y el grito de los pobres”, como expresó Francisco en Laudato si’.

León XIV continuó denunciando que “la riqueza de la tierra está en manos de pocos, poquísimos, cada vez más concentrada —injustamente— en manos de quienes no quieren escuchar el gemido de la tierra y de los pobres”.

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Frente a esta dinámica de expolio, recordó el principio del destino universal de los bienes, destacando que “Dios ha destinado los bienes del creado a todos, para que todos participen de ellos. Nuestra tarea es generar, no robar”.

Añadió que este sufrimiento no es estéril, “el dolor de la tierra y de los pobres es el de un parto”. Dios “sigue creando”, afirmó, y el pueblo de Dios está llamado a colaborar con Él, generando esperanza allí donde parece imposible.

María, figura de una esperanza concreta

León XIV explicó que la centralidad de María en la oración cristiana se debe a que en ella “vemos a una de nosotros que genera”. Dios, a través de ella, “nos ha salido al encuentro con rasgos humanos, como todo hijo que se parece a su madre”.

Al invocarla como “esperanza nuestra”, el Papa subrayó que María dio “rostro, cuerpo y voz a la Palabra de Dios” y que las personas cristianas están llamadas a parecerse a ella, “para que también nosotros podamos generar la Palabra de Dios aquí abajo, transformar el grito que escuchamos en un parto”.

León XIV subrayó que “esperar es generar”, del mismo modo que esperar es tomar posición. Esperar es trabajar para que “este mundo se convierta en el mundo de Dios”, donde Dios, la humanidad y toda la creación puedan “caminar de nuevo juntos, en la ciudad-jardín, la nueva Jerusalén”, concluyó.