Tras el caso Glovo, ahora le toca a Uber Eats

Tras el caso Glovo, ahora le toca a Uber Eats
El secretario de Acción Sindical y Transiciones Estratégicas de CCOO, Javier Pacheco, celebra que la Inspección de Trabajo haya abierto una investigación para comprobar si la empresa de reparto de comida a domicilio cumple el marco laboral, después de las condenas a Glovo por recurrir a falsos autónomos.

“Si las plataformas digitales no respetan las relaciones laborales, nos tendrán enfrente”, afirma Pacheco, quien advierte de que este modelo de negocio basado en la negación de derechos laborales y el recurso a figuras mercantiles ambiguas sigue en auge.

“La economía de plataformas se está extiendo a los servicios de limpieza, a los medios de comunicación o las traducciones…, es algo transversal”, señala el recién elegido responsable de Acción Sindical y Transiciones Estratégicas de CCOO, que insiste en que es “importante establecer criterios claros sobre las reglas de juego”.

Aunque Glovo ha anunciado que ha cambiado su modelo laboral con la contratación de repartidores, el sindicato no tiene “evidencias suficientes”, salvo “las cartas con la oferta de empleo”.

La organización de trabajadoras y trabajadores ha pedido en reiteradas ocasiones abrir una mesa de negociación con la plataforma de reparto de comida a domicilio para pactar las condiciones de trabajar y poder verificar el cumplimiento de sus promesas para evitar que todo quede en un “lavado de cara”.

Pero, hasta ahora, la dirección de Glovo no quiere saber nada de la representación de los trabajadores, según indica Pacheco, que reconoce que “preferimos negociar, pero si la empresa no quiere, utilizaremos todas las vías legales posibles”.

De momento, la central sindical ha denunciado la posible “cesión ilegal” de trabajadores de la empresa fundada por Óscar Pierre, a través de la utilización de empresas “fantasmas”, cuyos empleados prestan el servicio de reparto a Glovo.

Las empresas subcontratadas carecen de actividad y organización propias, mientras que las personas contratadas reciben las órdenes de trabajo a través de la aplicación de Glovo, que provee, además, el equipo de trabajo.

De demostrarse el “prestamismo laboral ilegal”, será de nuevo sancionada por la autoridad laboral y condenada en los juzgados. “No vamos a parar hasta que Glovo respete las relaciones laborales”, admite Pacheco, que celebra que le haya llegado también el turno a Uber Eats.

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“Como sindicato”, explica, “hemos denunciado casos concretos ante la Inspección de Trabajo, gracias a trabajadores que han decidido poner una reclamación o situaciones fehacientes, pero no podemos entrar de oficio”.

La gran dificultad para que los propios trabajadores den ese paso o se organicen para defender sus derechos radica en la alta rotación, porque “no son empresas en las que se quieran quedar, sino que están de paso”. “Cuando consiguen regularizar su situación administrativa, porque la mayoría son trabajadores migrantes, saltan a otro sector”, expone el sindicalista.

“Esperamos que la Inspección haga su trabajo y acabe llevando a la empresa ante los tribunales”. La legislación está ahí, la directiva (UE) 2024/2831, inspirada en la ley rider española, establece la presunción legal de laboralidad dentro de las plataformas, por lo que son las empresas las que, ante las denuncias y requerimientos, deben demostrar que media una relación mercantil real y no contrataciones en fraude de ley de falsos autónomos.

La norma europea no solo regula el trabajo en plataformas como Uber, Glovo o Deliveroo, sino que impulsa una mayor regulación del trabajo digital y automatizado en toda la Unión Europea.

“Hay que acabar con la violación de las normas laborales y la competencia desleal de la gestión híbrida de las relaciones laborales y que ha sido cuestionadas sobradamente por la justicia”, plantea Pacheco. La verdad es que todavía “hay mucho recorrido” para que estas “nuevas empresas” asuman el ecosistema laboral, concluye.

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